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4 de diciembre de 2016

GUÍA PARA PACIENTES QUE VAN AL NUTRICIONISTA




El nutricionista, ese profesional de segunda, al que vamos para perder unos kilos, que nos da una dieta en un papel y nos pesa cada quince días. Ese individuo con un cursillo de dos meses que nos dice lo que ya sabemos sobre comer yogures desnatados y cosas a la plancha, y que aunque "nosotros la teoría ya nos la sabemos" vamos para estar controlados, por unos eurillos, que para pesarme tampoco hace falta mucho.

Mal que nos pese, para gran parte de la población, eso es un nutricionista, y ese es su trabajo. Es normal que cuando acuden a uno de verdad, a menudo se sorprendan y no comprendan porque las cosas no son como esperaban

Es cierto que gracias al trabajo de muchos compañeros, esto está cambiando. Pero aún nos pasa que cuando sale Aitor en la tele hablando de algún tema nutricional que no sea adelgazar, las llamadas pidan cita con "el doctor", porque evidentemente todo lo que no sea perder uno kilos, es cosa de médicos, ya se sabe. Y no pocos se frustran al decirles que "no somos médicos, somos dietistas-nutricionistas".

Así que si eres de esos que aún tiene la imagen descrita arriba del nutricionista, lee antes de pedir cita con alguno:



  • No somos médicos: no somos endocrinos, ni médicos especialistas en nutrición. Porque la nutrición no es una especialidad de medicina, es una profesión distinta. Si has ido al endocrino, no has ido al nutricionista. Lo ideal sería que pudiéramos trabajar juntos en los casos que así lo requieran, pero de momento la organización sanitaria pública no lo permite. Eso sí, no somos ni más ni menos que otro sanitario. Y somos los únicos realmente capacitados para hacer intervención nutricional. Somos dietistas-nutricionistas y técnicos superiores en dietética. Ni más ni menos. Tienes derecho a saber que titulación tiene el profesional que te atienda. Si no está a la vista, pregunta.

  • No te cobramos "por una dieta": si quieres un menú o una dieta, Google te da tropecientas de manera gratuita. Te cobramos por el tiempo dedicado en consulta a conocerte y saber que necesitas, por el tiempo que tu no ves, en el que nosotros trabajamos en tu caso, a menudo consultando a compañeros o buscando la última evidencia disponible y valorando que es viable y que no para ti. Y por el tiempo que hemos invertido en formarnos (y seguimos invirtiendo) para saber que papel te hay que dar ;-).

  • Seguro que decís eso, pero luego le dais lo  mismo a todo el mundo: A veces tu caso es sencillo, estás bien de salud y quieres perder unos kilillos por estética, eres joven y activo, y con un par de modificaciones en tus costumbres, lo tenemos. Otras tienes varias patologías y además te acaban de diagnosticar insuficiencia renal, con el añadido de que llevas una dieta vegana y ninguno de los profesionales que te atiende te sabe aconsejar en tu dieta. Puede que seas el padre o madre de una niña con varias alergias, que además está en bajo peso y tiene problemas para tragar. Otras llevas tanto tiempo haciendo dietas milagro que tu metabolismo está dado vuelta y tu masa muscular es tan pobre que hacerte perder esos kilos sin perjudicar más a tu salud es una odisea. También puede que quieras mejorar tu marca en esa maratón dentro de tres meses pero te sientas muy flojo y además los geles que toman tus amigos a ti te dan retortijones. Quizás te estás recuperando de un cáncer, en bajo peso, con mucha medicación que interfiere en tu tratamiento nutricional y además comías muy mal antes de la enfermedad y quieres mejorar. A menudo tienes síntomas digestivos que te amargan el día y la vida, y solo te dan omeprazol y te dicen que tienes "colon irritable" pero tu no mejoras y ya no sabes que hacer. Otras veces estás perfectamente pero quieres llevar una dieta Paleo porque has leído sobre ello, pero te haces un poco de lío con tanta información y quieres que te ayudemos, teniendo en cuenta que comes de menú de lunes a viernes. También puede que estés preocupado porque tu hijo preadolescente tiene un sobrepeso importante y el pediatra te ha dicho que está al borde de la diabetes, y no sabes como mejorar su dieta para cuidar su salud. O tal vez tengas problemas hepáticos, o una enfermedad autoinmune, o colitis ulcerosa, o fenilcetonuria o diabetes tipo I. ¿Crees de verdad que a todos os vamos a dar el mismo "papel"? si es así, no nos pidas cita.

  • No lo sabemos todo, menos antes de conocerte: cuando llamas para pedir tu primera cita, podemos darte alguna pincelada de que vamos a hacer, muy probablemente tengamos una web o página en redes sociales donde tu mismo puedas leer sobre nuestra filosofía de trabajo. Pero es absurdo que nos exijas que te detallemos con esmero como va a ser tu tratamiento cuando solo sabemos de ti tu nombre. Párate a pensar si le exiges lo mismo a otros sanitarios. No sabemos cuantas consultas necesitas, ni cuanto vas a mejorar, ni que tipo de enfoque es mejor para ti, ni si te vamos a dar un menú semanal o no. Sencillamente porque no te conocemos y no podemos valorar tu caso. No en vano solemos invertir alrededor de una hora en la primera consulta para conocer con detalle tu historia clínica, dietética, ponderal, objetivos, estilo de vida, etc. Si quieres saber todo eso, acude a consulta, no nos pidas imposibles por teléfono o mail.

  • La nutrición no es una ciencia exacta: de hecho mi amigo Marc te diría que ni siquiera es una ciencia ;-). Cada persona, cada cuerpo, cada estilo de vida, es único. Lo que le sirve a Pepe, no le sirve también a María, porque en un tratamiento nutricional hay muchas variables que no controlamos, más allá del organismo de cada cual, está el ambiente, la familia, la implicación, el tipo de vida... todo eso que no controlamos y que además varía en un mismo individuo de un día otro. Sumado a las propias patologías, genética y metabolismo. No podemos garantizarte resultados, porque ni depende de nosotros, ni están en nuestra mano la inmensa mayoría de variables. Y si me permites un consejo, huye de quien te lo prometa.

  • No podemos trabajar sin ti: precisamente por todo eso, nuestro trabajo depende en gran parte de tu implicación y esfuerzo. No es tan sencillo como "cada 8h te tomas una pastilla". Puede que tengas que cambiar tu compra, tus hábitos, tu ocio... ¿estás dispuesto? Puede que haya motivos médicos para que renuncies a alimentos o bebidas que te encantan, puede que sea necesario que hagas una dieta restrictiva durante un tiempo. Seguramente te pediremos que reduzcas notablemente el consumo de ciertos productos muy palatables y aumentes otros que no estaban muy presentes en tu día a día. Tu eres una parte imprescindible del tratamiento, si no deseas cambiar nada, es mejor que no vengas a vernos, porque trabajamos sobretodo con cambios en tu estilo de vida. Por nuestra parte prometemos adaptarnos a tus gustos y circunstancias hasta donde sea posible, y ayudarte y apoyarte, y buscar alternativas y maneras de hacértelo más fácil, y acompañarte en el camino. Pero tienes que andar tu.

  • Respétanos y respeta nuestro tiempo: sabemos que es injusto que no puedas disponer de nuestros servicios en el Sistema Nacional de Salud, luchamos para que eso cambie, pero mientras tanto te atendemos en consulta privada. Como cualquier otro profesional pagamos alquileres, seguros, impuestos, cuota de autónomos y a veces hasta trabajadores, y seguro que sabes que las cosas no están fáciles en este país. Cuando llegas tarde, no podemos alargar tu cita, porque perjudicamos a los pacientes puntuales que llegan tras de ti. Cuando no vienes y no avisas, o lo haces quince minutos antes, perdemos el tiempo que te hemos reservado. Respeta la política de cancelaciones de cada profesional y respeta su tiempo como nosotros respetamos el tuyo. Sí no estás dispuesto a hacerlo, no nos pidas cita.


Gracias a todas las compañeras y compañeros que día a día en vuestra consulta, en vuestros centros de investigación, en vuestras redes sociales, en ponencias, formaciones y docencia, en medios de comunicación y en la calle, ponéis de verdad en valor la profesión, trabajáis por su imagen y su lugar en la sanidad y en la sociedad, y dais la cara por todos. Vosotros, que trabajáis desde abajo, sin un asiento asegurado y luchando con la puta realidad sois los que merecéis toda la visibilidad y todos los micros para que os oigan. Gracias compis.

28 de noviembre de 2016

¿CÓMO PUEDO REDUCIR EL CONSUMO DE AZÚCAR?

Photo credit: Foter.com / CC0

Sé que estáis hartos de oír lo de que hay que tomar menos azúcar añadido, que muchos productos del supermercado lo contienen en cantidades elevadas, que es una de las principales batallas a ganar para mejorar nuestra dieta... bla, bla. No os voy a dar la brasa con eso hoy. Es hora de pasar a la acción.

Hay estrategias que funcionan para bajar ese consumo, siempre y cuando cumplamos dos requisitos fundamentales: el primero es querer, el segundo tener un poco de paciencia.

Cuando estamos muy acostumbrados a sabores dulces, a cafés con azúcar, yogures edulcorados, refrescos, galletas, chocolates con leche... es necesario que reduzcamos ese umbral de dulzor que tenemos tan alto. Por eso un cambio radical puede hacer que muchos productos sin azúcar no nos sepan bien. 

En cambio si lo hacemos de manera paulatina será más fácil, llevadero e iremos acostumbrando a nuestro paladar. Os aseguro que pacientes que se tomaban más de una cocacola al día, pasadas unas semanas se sacian con un par de tragos, porque les parece excesivamente dulce. Que personas que desayunaban y merendaban Chocokrispies con Colacao, son capaces de disfrutar de un porridge con plátano o unas tostadas y no les apetece el chute de azúcar anterior. De verdad. Se puede. Pero hay que querer.

¿Y SI LO CAMBIO POR EDULCORANTES?

Parece el camino fácil: me paso a los refrescos zero o light, a los yogures edulcorados, a la bollería "sin azúcar" y problema resuelto ¿no? No. Os explico por que.

En primer lugar, con esta solución seguimos manteniendo muy alto ese umbral del dulzor, no lo bajamos a límites normales, a aquellos en los que una fruta nos parece dulce y dispara nuestros mecanismos de recompensa. Seguimos necesitando ese umbral tan alto para conseguirlo. No parece una gran solución.

En segundo lugar, porque que muchos edulcorantes sean acalóricos y no suban la glucemia, no los hace inocuos. Hoy sabemos que su consumo afecta de manera negativa a la microbiota intestinal, entre otras cosas, también causan molestias digestivas y no funcionan en pérdida de peso ni en prevención de la diabetes.

Además, el problema de dichos productos "sin azúcar" está lejos de ser únicamente el azúcar. Se caracterizan por ser un conglomerado de ingredientes poco saludables que no deberían estar presentes en la alimentación habitual.

La solución, no es cambiar el azúcar por edulcorantes, es aprender a disfrutar del sabor verdadero de los alimentos y desengancharnos de esos productos y de esos sabores tan artificialmente dulces. Si solo te gusta el café con azúcar, el cacao azucarado, los yogures azucarados.... alomejor lo que gusta es el azúcar, no el café, el cacao o el yogur.

YO QUIERO TOMAR MENOS AZÚCAR ¿CÓMO LO HAGO?

Vamos con algunas estrategias fáciles, cada cual que se las aplique a su punto débil:

  • CAFÉS E INFUSIONES: si sois de poner azúcar o edulcorante desde siempre a vuestra bebida, no es buena idea que lo quitéis de un día para otro porque es probable que no os sepa bien. Bajad la cantidad paulatinamente: si ponéis dos cucharaditas, empezad por una y media durante una semana, luego una y al cabo de una semana media y así hasta cero.
  • REFRESCOS: los que consumís refrescos a diario, sean light o no, reducid. Poneos un tope semanal. Si tomáis, no sé, cinco a la semana, poneos un límite de dos y explorad otras alternativas: infusiones con hielo, zumo de tomate, café, o , llamadme loca, agua.
  • CHOCOLATE: el chocolate de más del 85% cacao sigue siendo chocolate, con mucho menos azúcar. Si os cuesta, empezad por un 70% e id subiendo. Se puede.
  • GALLETAS, MAGDALENAS Y SIMILARES: pan integral, siempre va a ser mejor que cualquiera de esas elecciones. Con tomate y aceite, con aguacate, con crema de cacahuete sin azúcar, con queso, con hummus...
  • CEREALES DE DESAYUNO: antes de pasar a una versión sin azúcar como pueden ser los copos de avena o el arroz inflado sin nada más, podéis usar los Corn Flakes como versión intermedia, que tienen alrededor de un 8% de azúcar, cuando lo habitual es que ronden el 20% o más.
  • COLACAO O NESQUICK: en casi cualquier supermercado venden cacao puro. Empezad mezclándolo con el azucarado, mitad y mitad, poco a poco id subiendo el porcentaje de puro hasta que consigáis eliminar el colacao y disfrutar del verdadero sabor del cacao.
  • YOGURES: dejad los yogures de sabor, que suelen tener más de 10g de azúcar por envase, y los edulcorados. Yogur natural. Si os sabe ácido, mezcladlo con fruta, con pasas, con canela. O empezad poniéndole un poco de azúcar y poco a poco vais bajando, como con el café.

¿Quien aporta alguna ayuda más?

6 de noviembre de 2016

NUTRIGENÓMICA, NUTRIGENÉTICA Y TESTS GENÉTICOS

¿Os suenan las palabras del título del post? es probable que sí, pero que no sepáis muy bien qué son: ¿el futuro de la nutrición? ¿dietas para ricos? ¿cosas de científicos serios? pues a día de hoy, casi que todas son ciertas.

Es la primera vez que toco este tema en el blog, así que no voy a ir muy allá. Tampoco es que yo sea una superexperta en ello, ni mucho menos, pero el propósito del post es bastante humilde: daros una idea sobre de qué hablamos cuando hablamos de nutrigenómica y nutrigenética. Y de sus aplicaciones reales para la ciudadanía a día de hoy.

En España tenemos gente trabajando en estos campos que son referencia mundial (grupo de la UIB en el NUGO o David de Lorenzo por ejemplo) y cuyos conocimientos son apabullantes, pero solo están al alcance de aquellos que tienen una base previa potente en biología molecular, bioquímica, genética, nutrición, etc. Mi impresión es que hay muy poquita divulgación sobre este tema a un nivel básico y comprensible para el ciudadano de a  pie. Y los pocos intentos que hay en español de divulgación sobre el tema, son mortalmente aburridos, complicados y técnicos. Vamos, que no llegan.

Pero a la vez hay cada día más empresas que intentan vender sus "tests genéticos" a una población totalmente ajena al tema y hacerlo a través de unos sanitarios que en su mayoría no tienen la menor formación en algo tan específico, y tan novedoso todavía, pero que se pueden llevar un buen pellizco económico como intermediarios. Es un caldo de cultivo ideal para cosas no muy buenas.

Pero ya me estoy yendo por las ramas. De hecho yo había planeado empezar del modo clásico en el que empezaría cualquier dietista seria un post de este tipo. Diciendo que es cada cosa:
  • NUTRIGENÓMICA: es una rama de la genómica que estudia que influencia tienen los compuestos de la dieta en la alteración de la expresión genética. Dicho de otro modo, la nutrigenómica estudia la interacción entre el genoma y los nutrientes.
  • NUTRIGENÉTICA: estudia el efecto que tienen los nutrientes en una determinada variante genética, como aumentan o disminuyen la probabilidad de sufrir algunas enfermedades, pudiendo así (en teoría) dar consejos alimentarios altamente personalizados.
  • GENOMA: es el conjunto de genes que contienen nuestros cromosomas. El total de la información genética de nuestro cuerpo. Y si, es alterable. Y si, los nutrientes contenidos en los alimentos pueden modificar la expresión de ciertos genes. Y ojo, eso no es todo: no sólo es modificable, si no que además, esas modificaciones son hederables, podemos transmitirlas a nuestros hijos. 
Imagen con licencia Open Acces

¡Un momento! ¿he dicho más arriba que los alimentos pueden alterar nuestros genes? ¿eso no es una burrada? ¿no hemos aprendido siempre que la genética no se puede modificar? Sí, también aprendimos que los cereales refinados eran la base de la dieta. Esto os va a ser mucho más fácil de superar, en serio. Ahí entra en juego la epigenética, que es la disciplina que estudia esos cambios heredables en el fenotipo, que no alteran la secuencia de ADN pero si su expresión en unos determinados rasgos u otros. Y si, la alimentación es uno de esos factores capaces de producir cambios epigenéticos, y esos cambios podemos transmitirlos a nuestra descendencia.

No me digáis que solo con esto, no apetece saber más.

Con lo dicho hasta ahora podemos apuntar cosas que suenan francamente bien:

  • Podríamos saber que nutrientes nos favorecen más según nuestros polimorfismos genéticos y de ese modo organizar una dieta "perfecta" para nuestro diseño genético particular.
  • Sabiendo a que enfermedades relacionadas con la alimentación tenemos más predisposición genética, podríamos centrarnos en comer de la mejor manera para evitarlas. Es casi la llave de la eterna salud, solo cambiando nuestra dieta.

Suena genial ¿no? entonces ¿porque no estoy dando botes de alegría y diciendoos a todos que os hagáis alguno de los tests genéticos que se venden hoy en España? porque ese es un análisis demasiado simplista. Me explico:

Está muy bien saber que X nutriente (por ejemplo el omega 3) tiene en nuestro caso concreto un efecto negativo a nivel cardiovascular y que nuestra dieta debería ser baja en omega 3, pero alta en tal otra grasa y además...¡stop! no comemos nutrientes, comemos alimentos, y cada uno de ellos está formado por multitud de nutrientes y compuestos bioquímicos distintos en cantidades variables. Es muy muy difícil pasar realmente esos resultados de laboratorio a una "dieta real" y que sea sostenible a largo plazo.  Siendo realistas, ni siquiera somos capaces de mantener a largo plazo una dieta saludable básica, como para además hacerlo con malabares. Creo que uno de los grandes retos de estas disciplinas es conseguir pasar de manera efectiva los resultados del laboratorio al plato. Hoy no lo están consiguiendo.

Sobre esto, os voy a contar una anécdota: en una de las formaciones que he realizado sobre nutrigenómica, éramos un grupo de nutricionistas atendiendo a las explicaciones de los bioquímicos. Una de ellas estaba preocupada porque se había hecho el test y le había salido un polimorfismo relacionado con la mayor probabilidad de sufrir diabetes de tipo 2 y la ingesta de ácido oleico (ácido graso muy presente en el aceite de oliva). La chica expresaba su preocupación sobre si su ingesta de aceite de oliva era correcta o no a un especialista en el tema que le daba consejos nada aplicables, mientras sostenía en su mano un paquete de galletas Oreo que iba consumiendo a lo largo de la conversación. A ninguno de los dos se le ocurrió que el comer galletas Oreo tenía una influencia muy obvia en su riesgo de desarrollar DM2 y además era tan fácil de evitar como desayunar algo saludable, sin embargo parecían muy preocupados por como controlar y adecuar los gramos diarios de aceite de oliva. Sí, me mordí la lengua muy fuerte durante toda la conversación que mantuvieron en mis narices.

Corremos el riesgo de desviar tanto el punto de mira, que podemos ponernos a calcular cantidades de ácido oleico optimas para mi riesgo de sufrir DM2, mientras como Oreos. Corremos el riesgo de confiar en tests genéticos antes que en corregir aquello que es a todas luces insano y que aumenta de manera indiscutible la prevalencia de enfermedades no transmisibles.

Otra cosa que no estamos teniendo en cuenta, es la parte que no conocemos. Aunque cada vez tenemos una foto más nítida, quedan demasiados puntos negros. Igual hay algo importante en alguno de esos puntos y no lo estamos teniendo en cuenta.

Y por último, la variabilidad genética es complicada. En una sola persona se pueden dar resultados contradictorios: puede tener un polimorfismo que le haga buen respondedor a determinado nutriente, y otro polimorfismo que para el mismo nutriente le de un resultado negativo ¿qué hacemos? ¿potenciamos ese nutriente, lo minimizamos, lo dejamos en un punto medio ni pa ti ni pa mi? Eso con UN nutriente, ahora empezad a sumar y volvemos a lo del principio, es muy difícil configurar una dieta con alimentos que se adapte al 100% a todo lo que nos salga y sea sostenible. Al final, tantos malabarismos dietéticos suelen quedarse en .... recomendar una dieta saludable, con algún matiz sobre los ácidos grasos o los hidratos de carbono. Agua de borrajas.

Y de aquí sale otro peligro: el siguiente paso en la industria es sacar alimentos funcionales adaptados a tal o cual polimorfismo para que no tengas tu que seguir complicadas indicaciones dietéticas (ya se está trabajando en ello, no creáis que soy una conspiranoica). Y sinceramente, si ya nos la meten doblada con los yogures mágicos y las pildoras de omega 3, no sé lo que puede salir cuando se abra esta caja de pandora. Yo fe en el interés de la Big Food por nuestra salud, ninguna.

A día de hoy, los resultados que realmente pueden ser útiles aplicando una modificación dietética, existen. Sí. Pero son muy concretos y útiles para un número reducido de personas. A nivel general, todavía falta mucho camino para que pueda ser verdaderamente útil al grueso de la población. Pero sí, hay casos en los que es una grandísima ayuda, esto que quede claro.

Y sobretodo, empezar un tratamiento nutricional pidiendo un test genético, es empezar la casa por el tejado. Primero, modifica todo aquello de la dieta de la persona que sepas positivamente que es un riesgo para su salud (comer Oreos) y si lo consigues, y la persona cumple algunas características concretas, indica la posibilidad de que esa herramienta pueda ser útil en su caso, si así lo crees. Aunque para eso, hay que saber con que estamos jugando, y el folleto promocional que las empresas que hacen estos tests nos mandan a los profesionales no es precisamente un curso avanzado de genómica nutricional, si no un ejercicio de marketing para hacernos creer en cuentos de hadas rentables.

Permitidme acabar con un consejo a los grupos que investigan estos apasionantes temas: incluid nutricionistas clínicos en vuestros grupos de trabajo. Necesitáis a alguien que os diga "dejad de flipar" cuando elaboráis esos informes que son imposibles de convertir en una dieta sostenible a largo plazo, y que os ayuden a traducir la información a comida. No nos busquéis solo como prescriptores de tests, nos necesitáis en el meollo si queréis saltar del laboratorio a la mesa.